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viernes, 2 de agosto de 2013

Inmaculada Michinina: "Déjennos tener dignidad".



Esta crisis que nos azota está dejando demasiadas víctimas por el camino, personas con nombres y apellidos, que luchan a diario por sobrevivir. Gente que acude a los representantes políticos libremente elegidos en las urnas y plantea algo tan obvio como que el sueldo que cobran se lo pagamos entre todos, que el asiento que ocupan se lo hemos proporcionado nosotros y que su obligación diaria es trabajar para todos los ciudadanos. Así debería ser y no dudo que haya políticos que efectivamente cumplan a rajatabla el mandato representativo otorgado, pero igualmente hay una casta política que vive en una permanente torre de marfil, ajena a la realidad exterior, que nunca ha trabajado en otra cosa que no sea la política, que ha hecho de ésta su modus vivendi, que jamás ha tenido necesidades económicas ni de ningún otro tipo, que se ha creído superior al resto de los mortales, que no ha jugado limpio, -a todos los casos de nepotismo, corrupción, enchufismo, y amiguismo que todos tenemos en mente me remito- y que vive en un estado permanente de mediocridad.

Ante el estado crítico de la situación económica y laboral,  es absolutamente obligatorio que surjan voces como las de Inmaculada, clamando en el desierto, pero alzando la voz frente a tanta dificultad para ganarse la vida, para llevar una vida digna, como muy bien dice. Para salir de esta situación estamos todos implicados, los ciudadanos y sus representantes, si nos damos la espalda, si se crean puentes insalvables y si se sigue abriendo una brecha entre la clase política y la gente de a pie, vamos por el camino perfecto -si no estamos ya- hacia el sálvese quien pueda.

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